AL LUGAR DONDE HAS SIDO FELIZ, NO DEBERÍAS TRATAR DE VOLVER

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11 enero, 2011

Enormes edificios todos simétricos, cada rincón decorado, árboles desnudos por el viento y el invierno, un frío encantador aunque a veces insoportable, gorros, bufandas, guantes... La Torre Eiffel iluminada a las 7 de la tarde porque ya apenas se veía nada y con luces que parpadeaban cada cuarto de hora.
Y gente, muchísima gente. Cada persona con un gesto distinto, distinta forma de vestir, distinto peinado, distinto estilo. Personas con las que no hablas, pero aún así te imagina todas las historias que ha vivido y las que vivirá, todas las historias posibles, si ama, si odia, si siente incluso... Por qué está allí, si huye de algo, te imaginas como sería tu vida si la conocieras, cuánto de importante podría ser para ti. Porque si lo piensas puede que la persona que cambiará tu vida haya pasado justo delante de tus narices alguna vez.











Así es París: preciosa, perfecta, la ciudad del amor.


María.

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